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¿Qué hacemos si la manguera es demasiado corta?

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Respuesta de una niña: "Trabajamos en equipo".

Los tres pasos para solucionar un problema

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Los tres pasos para solucionar un problema son DOS :

¿Para qué sirve la cinta de carrocero?

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Para aprender geometría a lo grande.

¿Todo el mundo listo para empezar el tercer trimestre?

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Ya están listos los libros del tercer y último trimestre de curso. ¡A por ellos!

¿Por qué no mando tarea para casa?

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Dos chicos estudiando  - Autor: Francisco Javier Pulido Porque en los más jóvenes, aproximadamente hasta los 12 años, los deberes aportan poco o nada, y pueden ser incluso contraproducentes a su formación. No es una opinión personal, es un criterio docente, fundamentado en la práctica y avalado por no pocas investigaciones, como puede comprobarse con la lectura de este artículo de la web Educación 3.0 .

Hoy no quiero ir al cole

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Hoy hemos empezado con una asamblea, necesitábamos echar un rato hablando, porque resulta que nos hemos dado cuenta de que, quitando a dos, ¡a nadie nos apetecía venir hoy al cole! Así que hemos cogido las planchas y nos hemos sentado en el suelo a hablar para contar cómo nos sentimos. Hemos comprendido que es normal sentir pereza, aburrimiento, desidia... ¡Le pasa a todo el mundo! Además, es más frecuente que suceda en primavera y otoño, con los cambios de estación. El tiempo afecta a nuestro estado de ánimo . Hemos decidido que, cuando esto nos pase, vamos a procurar encontrar el lado bueno que tiene ir al cole, aunque ese día no nos apetezca. Porque todo -o casi todo- tiene un lado bueno. Así que voy a pensar: HOY VOY A SENTIRME BIEN EN EL COLE PORQUE VOY A VER A MIS AMIGAS Y AMIGOS HOY VOY A SENTIRME BIEN EN EL COLE PORQUE VOY A JUGAR EN EL RECREO HOY VOY A SENTIRME BIEN EN EL COLE PORQUE TENEMOS EDUCACIÓN FÍSICA HOY VOY A SENTIRME BIEN EN EL COLE PORQUE... Pensar en positi...

Contamos con los dedos

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¿Qué papel juega el conteo con los dedos en la adquisición del cálculo matemático? Quienes tenemos una edad podemos recordar de nuestra época escolar haber visto -o sufrido-  un manotazo en las manos de quien se atrevía a contar con los dedos. Por eso aprendí a sumar y restar sin usar los dedos de las manos… No sin antes haber aprendido a contar con los dedos escondidos debajo del pupitre. Ha pasado un tiempo, hemos cambiado de siglo y sigo en la escuela con pocos cambios significativos: ahora me siento en la mesa más grande y escribo más con teclado y pantalla que con lápiz y papel. Mis alumnas y alumnos siguen contando con los dedos. Lo único que, ahora, les animo a hacerlo y procuro sugerirles estrategias estructuradas de conteo con los dedos, para que procuren hacerlo siempre de la misma manera. De entre quienes se han dedicado a intentar responder a la pregunta que encabeza mi reflexión de hoy, encuentro destacables a Astrid Cuida, Ana María Sanz y Tamara Nieto y su artículo s...